Un sueño en Santa Eulària

Abro los ojos lentamente. Al principio, una niebla clara ciega mi vista, hasta que por fin me acostumbro a la claridad del día que va llegando a su fin. Por fin estamos tú y yo juntos frente al mar.

Sin haber estado nunca antes aquí, reconozco esta playa. No tenemos más compañía que un enorme centinela que mira impasible el horizonte: la columna de piedra del norte de Es Figueral.

¿No crees que es demasiada toda la inmensidad del océano para nosotros solos? Pero no importa, a veces se vuelve difícil lidiar con el mundo entero, gritando entre la multitud sin que nadie escuche. Obviamente sé que esto es un sueño, pero no importa. Por ahora estas aquí, que es lo que importa. No puede ser de otra forma.

Mejor aprovechemos que las olas nos acarician los pies… ¿Puedes escuchar como dicen tu nombre mientras te hacen cosquillas? Cada vez podemos meternos más hondo, porque ahora ya no hay nada que temer. Porque en los sueños todo es posible. El aire me susurra que te abrace… ¿Qué te parece si escribimos así nuestros nombres en la arena, entrelazados? Atardece en la playa y estoy seguro de que podemos sentarnos a mirar el ocaso. Si los besos nos lo permiten, la noche nos encontrará en silencio. Si lo prefieres podemos recostarnos a decirle a las estrellas nuestro amor.

Aquí pasamos muchas tardes. ¿Lo recuerdas? Te encantaba esta playa. Nunca supe si era por el agua transparente o la arena blanca. Yo te esperaba sobre tu pareo blanco mientras nadabas. Llegabas mar adentro, hasta que casi no podía distinguirte sobre las pequeñas crestas blancas del oleaje. Después siempre nadabas hacia el norte y llegabas más allá del centinela de piedra. Me contabas que más allá, en la playa de Aigües Blanques, distinguías a varias personas al sol. Seguro que disfrutaban tanto de este tramo del este ibicenco como nosotros.

Disculpa, tengo que irme… Ha llegado la hora de despertarme al gigantesco mundo donde ya no podremos inventar el amor. Se me hace tarde, he estado dormido mucho tiempo. No quiero despedirme de ti… ¿Sabes? Aunque me vaya otra vez, no quiero… Prometo nunca decirte adiós. Prometí quererte siempre, ¿lo recuerdas?

Nos vemos luego, ya ves que a veces coincidimos. Sólo es cuestión de acostumbrarse a que nada de esto es real. Así es esto. Por ejemplo, mira… apenas me voy y las olas se llevan nuestros nombres. Pero no importa… Como es un sueño, me gusta pensar que volverás a escribirlos al extrañarme, y que algún día volveremos a estar juntos. Sí, aquí. En este pequeño rincón de Santa Eulària siempre podemos seguir soñándonos.