Pueblos de Ibiza

Ibiza posee a lo largo de su costa y en su interior diferentes pueblos que merece la pena visitar. Algunos de ellos han ido creciendo debido al turismo y otros permanecen inalterados con el mismo aspecto que décadas atrás. Ni el paso de los años, el turismo ni la llegada de los hippies ha modificado un ápice algunos núcleos de Ibiza.

Quedarás cautivado por la pura y exótica belleza de Ibiza, un lugar claramente contraindicado para los corazones más impresionables. Agárrate bien y prepárate para un viaje de vértigo a uno de los edenes más hermosos y salvajes de nuestro planeta. Para los nuevos hay que dejar bien claro un hecho: Ibiza es uno de los destinos turísticos más importantes y concurridos del mundo.

Y no se trata de una casualidad: extensa es la lista de sobradas razones que lo justifican, y cometeríamos un error si tratáramos de enumerarlas todas, pues resultan inabarcables. No obstante, para que puedas sentir la maravillosa fiebre de Ibiza, empecemos a desgranar los pueblos de Ibiza y las razones que hacen de este lugar como caído del cielo.

Los pueblos con encanto de Ibiza tienen sus principales atractivos en sus gentes, sus fiestas populares, su entorno, sus bares y su gastronomía. Te invito a que los conozcas en este repaso por los cinco municipios de la isla:

Santa Eulària des Riu

El municipio de Santa Eulalia del Río (o Santa Eulària des Riu, en catalán) se sitúa en la parte este de la isla. Recibe este nombre por uno de los ríos de la isla cuyas aguas discurrían hace tiempo por este lugar. En contraste con San Antonio, Santa Eulalia se conoce por su envolvente paz, puesto que se halla alejada de los bares y discotecas. No obstante, el municipio dispone de una inagotable variedad de atractivos, entre los que se encuentran sus campos salpicados de almendros, playas, un rico patrimonio artístico, así como museos, como por ejemplo el Museo Etnográfico de Ibiza o el Museo Barrau.

Sant Josep de Sa Talaia

Para llegar a San José (Sant Josep de sa Talaia, en catalán) hay que tomar una salida de la carretera del aeropuerto, a unos 20 kilómetros (30 minutos) desde la capital, donde se sitúa una rotonda con un McDonald’s. Se trata de uno de los pocos pueblos de Ibiza situados en una elevación, ya que Sant Josep se encuentra en lo alto de las colinas del centro del municipio. A poca distancia se encuentra Sa Talaia, la montaña más alta de Ibiza con 475 metros sobre el nivel del mar.

San José, aun siendo un asentamiento fijo (en contraposición a las localidades turísticas), dispone de todo cuanto precise el día a día de un turista: bares, restaurantes, tiendas, terrazas, un cenador y callejuelas sinuosas, así como, por supuesto, las necesidades básicas de cualquier población, como centros médicos, escuelas, clínicas veterinarias y ayuntamiento.

En San José se puede admirar una iglesia de puro estilo ibicenco: gruesos muros blancos rodeados de un vía crucis, así como un recorrido por donde se saca a los santos en las procesiones que se celebran en las fiestas patronales. Detrás de la iglesia, que domina el pueblo, encontraremos el Can Manyanet, un restaurante en cuyo jardín podremos probar y saborear la cocina típica ibicenca, con platos como el sofrit pagès o sofrito payés, un guiso de ternera con pollo, patatas y azafrán. Justo al otro lado de la carretera principal está El Destino, que sirve tapas, y al otro lado del cenador se encuentra el bar Bernat Vinya, en cuya sombra los ancianos se reúnen alrededor de una mesa para matar el tiempo jugando a las cartas y contando anécdotas sobre la cacerías con podencos, el perro ibicenco de caza, cuyas imágenes adornan las paredes.

En los comercios de San José se pueden adquirir desde los tradicionales cestos y cerámicas ibicencas, esterillas para la playa o herramientas de labranza hasta bañadores de diseño, juguetes e incluso granjas enteras. En este pueblo pequeño pero bien estructurado, con impresionantes vistas a los tres lados de la isla, el enfrentamiento y estrés de los tiempos modernos deja paso al deseo común de disfrutar de un rato agradable viviendo la buena vida..

Ibiza

No hay duda de que una visita a Ibiza no sería completa sin las estampas de Dalt Vila (ciudad alta). La mejor forma de explorar Dalt Vila es a pie, con un calzado cómodo, para recorrer sus empinadas y serpenteantes callejuelas empedradas y contemplar las imponentes vistas que ofrecen las elevadas fortificaciones y terrazas anchas de cada nivel. La entrada principal es una extensa pendiente flanqueada por dos enormes estatuas romanas de piedra que discurre sobre un puente levadizo que atraviesa el Portal de Ses Taules. El antiguo patio empedrado da paso inmediatamente a la Plaza de Vila.

El Portal Nou, al otro lado, desciende más gradualmente. Aquí los ibicencos, con el traje tradicional, como si el tiempo se hubiera detenido, llevan su vida diaria en las antiguas casas catalanas que cuelgan sobre las calles. Las hojas entreabiertas de las robustas puertas de madera nos revelan patios de piedra y pequeñas capillas. Tanto las tiendas de regalos como las galerías de arte situadas en el camino hacia la catedral constituyen un fastuoso tesoro de la esmerada obra que crean los hábiles artesanos de la ciudad.

Si contemplamos las vistas desde las almenas de la Catedral de Nuestra Señora de las Nieves, que domina el contorno de la ciudad de Ibiza, podremos disfrutar de las extraordinarias panorámicas del alicatado rojo de las cúpulas de la Iglesia de Santo Domingo. Desde este privilegiado punto también se puede divisar la estatua del héroe ibicenco de la Guerra de Cuba, el General Joaquín Vara de Rey, orgulloso y en pie en su monumento situado justo en el centro de la plaza a la que da nombre. En Ibiza se pueden encontrar algunas de las colecciones museísticas más impresionantes del mundo en materia de piezas romanas. Muchísimos de los objetos que se exponen sólo se pueden encontrar en la isla. El Museo de Puig des Molins, situado en una necrópolis cartaginesa, constituye una visita obligada.

En julio de 2002 se descubrió en una salida del viejo castillo una sala repleta de armas, obras de cerámica y otros objetos de uso diario de los ibicencos que habitaron la isla desde la época fenicia hasta el siglo XIII. Construir estancias con el fin de que la población se refugie en el castillo en caso de ataque representa una antigua costumbre ibicenca. Se cree que la habitación descubierta, que conectaba las dos torres del castillo cuando los árabes ocuparon la isla, quedó totalmente cubierta de tierra cuando el lugar fue tomado por los caballeros procedentes de la Península. Esta es la razón por la que los objetos hallados en dicha estancia se encuentran en un buen estado de conservación y sirven a los arqueólogos de una valiosa mirilla al antiguo estilo de vida de Ibiza.

Sant Antoni de Portmany

Sant Antoni de Portmany o también Sant Antoni, en catalán, y en general San Antonio en castellano, es la segunda población más grande de Ibiza y representa uno de los lugares más turísticos de la isla. Se encuentra junto a las playas más famosas de Ibiza (Cala Bassa, Cala Tarida). El paseo que rodea la bahía de San Antonio (badia de Portmany, en catalán) es un agradable paraje donde dar una vuelta por la noche. Al final del mismo se sitúa Sa Punta des Molí, lugar donde los ibicencos siguen usando un viejo molino; en el otro extremo se encuentra el centro de San Antonio, con una bella fuente que baila al son de la música.

La puesta de sol es otro de los atractivos más populares de San Antonio: el mejor lugar para contemplarlo es junto los internacionales Café del mar, Savannah y Mambo. La isla, conocida como la capital mundial de las discotecas entre los más dados a la fiesta, forma junto con Formentera el archipiélago de las Pitiusas. Desde sus orígenes como pueblo pesquero, San Antonio sufrió un boom a finales de los años 50, cuando, a consecuencia del turismo masivo que tuvo lugar en toda España, muchos hoteles y centros turísticos fueron construidos en la zona. Hoy día San Antonio acoge a dos de las discotecas más grandes del mundo, Eden y Es Paradis, y presume de contar con los mejores DJs del mundo.

Sant Joan de Labritja

La Ibiza rural es un reconfortante descubrimiento para los que entienden la isla como un punto álgido de la vida nocturna. En realidad gran parte de ella es bucólica, seductora y sosegada. En comparación con otras poblaciones de Ibiza, cuyas tradiciones se han rendido ante las exigencias de la creciente industria turística, el municipio de Sant Joan de Labritja sigue hoy día dependiendo de la ganadería y la agricultura.

Cala de Portinatx, un completo minicentro turístico y uno de los parajes más célebres, se sitúa en el norte de la isla, en el municipio de Sant Joan de Labritja. En la zona de Portinatx hay tres playas de arena excelentes que ofrecen una variedad de actividades tales como windsurf, botes a pedales o submarinismo. La playa más grande, S’Arenal Gros, se encuentra en la bahía y presenta unas portentosas panorámicas y un lecho marino de finas arenas blancas. A ella se accede cruzando el aparcamiento de autobuses. S’Arenal Petit, situado en un rincón de la bahía, es una playa más pequeña e íntima. La Cala d’es Port se encuentra se encuentra en una ensenada, al final de la carretera, enclavada entre peñascos cubiertos de pinares.